El paraíso no es un jardín encantado

Nuestra condición es la del buen ladrón, dice Francisco

Por Fausto Gasparroni (ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO, 25 OCT - El papa Francisco habló hoy del Paraíso en la última audiencia general de los miércoles dedicada a la "esperanza cristiana", tras un paseo entre 25.000 fieles a bordo del papamóvil, al que hizo subir a cuatro niños en la plaza San Pedro. "Una de las últimas palabras pronunciadas por Jesús sobre la cruz fue dirigida al buen ladrón", recordó Francisco comentando la escena del crucifijo entre dos malhechores, uno de los cuales reo confeso. "En el Calvario, en aquel viernes trágico y santo, Jesús llega al extremo de su encarnación, de su solidaridad con nosotros pecadores", observó. "Y allá, en el Calvario, es que Jesús tiene una última cita con un pecador, para llevarlo también a las puertas de su Reino", insistió. El Papa juzgó "interesante" que esa sea la "única vez que la palabra paraíso aparece en los Evangelios". Jesús se lo promete a "un pobre diablo" que "sobre la madera de la cruz tuvo el coraje de dirigirle el más humilde de los pedidos; ïacuérdate de mi cuando entres en tu reinoï. No tenía obras de bien que hacer valer, no tenía nada, pero se confía a Jesús, que reconoce como inocente, bueno, tan distinto a él", indicó el Papa. Para el Pontífice, "fue suficiente esas palabras de humilde arrepentimiento para tocar el corazón de Jesús". Y el mismo "buen ladrón", para Francisco, "nos recuerda nuestra verdadera condición delante de Dios: que nosotros somos sus hijos, que El prueba compasión en nosotros, que El está desarmado cada vez que le manifestamos nostalgia de su amor". "En las salas de tantos hospitales o en las celdas de las prisiones este milagro se repite innumerables veces -subrayó-. No hay persona, que haya vivido mal, a la que le quede solo la desesperación, que le sea prohibida la gracia", sostuvo. "Delante a Dios nos presentamos todos con las manos vacías" y "cada vez que un hombre, haciendo el último examen de conciencia de su vida, descubre que las faltas superan por mucho las obras de bien, no debe desalentarse, sino confiarse a la misericordia de Dios. Y esto nos da esperanza, esto nos abre el corazón. En resumen, "Dios es padre y hasta lo último espera nuestro regreso. Y al hijo prodigo regresado, que comienza a confesar sus culpas, el padre cierra la boca con un abrazo. Esto es Dios: así nos ama!", aseveró. Para Francisco, además, "el Paraíso no es un lugar de fábula, ni siquiera un jardín encantado: es más bien el abrazo con Dios. Amor infinito, y entramos gracias a Jesús, que murió en la cruz por nosotros". "Donde está Jesús, hay misericordia y felicidad; sin El hay frío y tinieblas. En la hora de la muerte, el cristiano repite a Jesús: acuérdate de mi. Y si nadie más se acuerda de nosotros, Jesús está ahí, a nuestro lado. Quiere llevarnos al lugar más bello que existe. Nos quiere llevar allá con ese tanto o poco bien que hicimos en nuestra vida, porque nada se pierde de lo que El ya ha redimido", afirmó. "Si creemos esto, la muerte deja de darnos miedo, y podemos esperar partir de este mundo de manera serena, con tanta confianza. Quien ha conocido a Jesús -concluyó Francisco- no teme más nada".(ANSA).
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