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CIUDAD DEL VATICANO, 10 (ANSA)- "El cristiano es un hombre y
una mujer de gozo", dijo hoy el papa Francisco en la misa en la
Casa de Santa Marta. El pontífice afirmó que el gozo del cristiano no es la
alegría que viene de motivos coyunturales, ni hecha de
"ligereza, superficialidad". Es "algo más profundo", un "don del Señor" que "nos llena
desde adentro", agregó. En la misa, concelebrada por el arzobispo de Mérida Baltazar
Enrique Porras Cardozo y el abate primado de los benedictinos
Notker Wolf, participó un grupo de empleados de Radio Vaticana,
acompañados por el director general, padre Federico Lombardi.
"¿Qué es este gozo? ¿Es la alegría? No, no es lo mismo. La
alegría es buena, alegrarse es bueno. Pero el gozo es más, es
otra cosa. Es algo que no viene de los motivos coyunturales, de
los motivos del momento: es algo más profundo, es un don",
explicó el Papa en la homilía. Según Francisco, "la alegría, si queremos vivirla todos los
momentos, al final se transforma en ligereza, superficialidad, y
nos lleva también a ese estado de falta de sabiduría cristiana,
nos hace un poco tontos, ingenuos ¿no? Todo es alegría... pero
no". "El gozo es otra cosa, es un don del Señor. Nos llena desde
adentro. Es como una unción del Espíritu. Y este gozo está en la
seguridad de que Jesús está con nosotros y con el Padre",
agregó. Pero este gozo del cristiano, se preguntó el Papa, ¿podemos
"embotellarlo un poco, para tenerlo siempre con nosotros?". "No -continuó- porque si queremos tener este gozo solamente
para nosotros al final se enferma y nuestro corazón se arruga un
poco, y nuestra cara no transmite esa gran alegría sino esa
nostalgia, esa melancolía que no es sana". Para el pontífice, "a veces estos cristianos melancólicos
tienen más cara de ajíes en vinagre que de gozosos que tienen
una vida bella". El gozo, según el Papa, es precisamente "una virtud de los
grandes, de los grandes que están por encima de las pequeñeces,
que están por encima de las pequeñeces humanas, que no se dejan
involucrar en esas pequeñas cosas internas de la comunidad, de
la Iglesia: miran siempre hacia el horizonte". Además es "el don que nos lleva a la virtud de la
magnanimidad. El cristiano es magnánimo, no puede ser
pusilánime: es magnánimo. Y precisamente la magnanimidad es la
virtud del aliento, es la virtud de ir avanzar siempre, pero con
ese espíritu lleno del Espíritu Santo. Es una gracia que debemos
pedir al Señor, el gozo". Durante la misa, el papa también expresó alegría por la
presencia en Roma de Tawadros II, patriarca de Alejandría y jefe
de la Iglesia Copta Ortodoxa de Egipto.
GR-MI/ACZ
10/05/2013 14:00
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