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CIUDAD DEL VATICANO, 29 (ANSA) - "El confesionario no es una
tintorería" donde ir a limpiarse de los pecados y la "confesión
no es una tortura", sino que avergonzarse de los propios pecados
es la "virtud del humilde" que se prepara para recibir el perdón
de Dios, dijo hoy el papa Francisco en la misa en la Casa de
Santa Marta. En la misa de hoy, reportó Radio Vaticana, estuvieron
presentes empleados de la Administración del Patrimonio de la
Sede Apostólica (APSA) y religiosas. Concelebraron el cardenal Domenico Calcagno, presidente de
APSA, y el arzobispo Francesco Gioia, presidente de la
Peregrinatio ad Petri Sedem. El papa Francisco, comentando la primera epístola de Juan,
subrayó que "todos nosotros tenemos oscuridades en nuestra
vida", momentos "donde todo, incluso en la propia conciencia, es
oscuro", pero esto no significa caminar en las tinieblas. "Caminar en las tinieblas significa estar satisfecho de sí
mismo, estar convencido de no tener necesidad de salvación",
dijo el Papa. En cambio, el "punto de partida" debe ser "mirar a nuestros
pecados", "si los confesamos, Dios es fiel y justo, tanto
como para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda
iniquidad", subrayó. "Cuando el Señor nos perdona hace justicia", sobre todo a sí
mismo, porque "El vino para salvar y perdonarnos", acogiéndonos
con la ternura de un padre hacia sus hijos, sostuvo el
pontífice. Esto es lo que ocurre en el sacramento de la reconciliación,
incluso si "muchas veces pensamos que ir a confesarnos es como
ir a la tintorería" para limpiar la suciedad de la ropa. "Pero Jesús en el confesionario no es una tintorería, es un
encuentro con Jesús, pero con este Jesús que nos espera, pero
nos espera como somos", explicó. En la confesión es importante también la capacidad de
"avergonzarse": "No sé -comentó el Papa- si en italiano se dice
así, pero en nuestra tierra a quienes no pueden avergonzarse les
dicen 'sinvergüenza': es un 'sinvergüenza', porque no tiene la
capacidad de avergonzarse y avergonzarse es una virtud del
humilde, de ese hombre y esa mujer que es humilde". Además de la vergüenza, hace falta la "confianza" en Dios,
"que se defiende frente a nuestras debilidades": "No debemos
maquillarnos nunca frente a Dios". "Humildad y mansedumbre -reiteró el pontífice- son como el
marco de una vida cristiana. Un cristiano anda siempre así, en
la humildad y la mansedumbre. Y Jesús nos espera para
perdonarnos". "Podemos hacer una pregunta: ¿entonces ir a confesarse no es
ir a una sesión de tortura? No, es ir a alabar a Dios, porque yo
pecador fui salvado por El. ¿Y El me espera para castigarme? No,
con ternura para perdonarme. ¿Y si mañana hago lo mismo? Ve otra
vez, y ve, y ve, y ve. El siempre nos espera", concluyó.
(ANSA).
GDC-FM/MRZ
29/04/2013 13:58
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