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Por Fausto Gasparroni
CIUDAD DEL VATICANO, 13 (ANSA)- La sorpresa de aquella noche
de miércoles 13 de marzo, cuando el mundo conoció que el nuevo
papa, el sucesor del "dimitente" Joseph Ratzinger, era el
argentino Jorge Mario Bergoglio, no se desvaneció. Hoy muestra
el aire de renovación impreso en la misma sacralidad del
Pontificado de un hombre capaz de abatir cada distancia. A un mes de su nombramiento, gracias a la simplicidad de sus
gestos, la humanidad y naturaleza de sus palabras, la empatía
inmediatamente instaurada con el pueblo de fieles, el papa
Francisco marca un verdadero cambio de página para la historia
de la Iglesia y para la posibilidad de relanzar el mensaje
cristiano al mundo. Innumerables, los gestos simbólicos que dieron enseguida
pulso innovador a este pontificado, desde haber abandonado todo
oropel -la cruz de oro y todo parámetro precioso con olor a
naftalina-, haber pedido a los fieles que recen por él, hasta
correr al encuentro con ellos, saludándolos uno a uno fuera de
la iglesia, o bajando de su jeep descubierto para besar a un
recién nacido o abrazar a un enfermo. O con las llamadas telefónicas hechas por él mismo, a
centralitas o teléfonos particulares ("Hola, soy Francisco"),
con personas del otro lado incrédulas, hasta palabras simples,
como al final del Angelus, con su familiarísimo "buen almuerzo". Gestos, como el de la resistencia de Bergoglio de instalarse
Y "aislarse" en el apartamento papal, para permanecer en la
Domus Santa Marta, que acercaron a la institución papal con la
gente y son recibidos con un entusiasmo que no deja de
sorprender. Son numerosísimos los fieles que llegan para los eventos con
el Papa, fuera y dentro del Vaticano, boom de escuchas para las
tv católicas que transmiten las ceremonias pontificias, pero
sobre todo un crecimiento sensible -notan párrocos y obispos- de
fieles que regresan a la iglesia, después de años de crisis de
fe. "Se necesitaba un pastor", comentan los prelados que desde
años se lamentaban por la merma de la fe en todo Occidente. Quizás es pronto para decirlo todavía, pero quizás a un mes
del Cónclave se está aun en plena "luna de miel" con el nuevo
Papa. Pero haber liberado a la figura papal de la
superestructura y de la solemnidad ha tocado el corazón de los
fieles, que recibieron a Bergoglio con tanto amor. En tiempos de crisis como estos, también que se llame
Francisco, su auspicio de "una Iglesia pobre para los pobres" y
su invitación a "no tener miedo de la bondad ni de la ternura"
de Dios, son recibidas como las palabras de un padre que acoge a
su familia con un abrazo. Son palabras, además, que implican la voluntad de una gran
reforma, luego de los escándalos del Vatileaks o las cuestiones
financieras del IOR, la banca vaticana, con una revisión radical
de la estructura de la Curia y del gobierno de la iglesia. Hasta ahora el jesuita Bergoglio no se adentró en temáticas
espinosas en el campo ético, el matrimonio gay o temáticas como
el aborto o la eutanasia. Un signo de su "ignaciana" ética, no
hecha solo de prohibiciones, sino como muestra de que sus
prioridades son otras, las de el recibimiento, la solidaridad.
GR-ADG/ACZ
13/04/2013 20:54
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