|
Por Angelo Cerulo y Ciro Fusco
NAPOLES, 9 (ANSA) - Domenico, de 50 años, no tiene más
domicilio fijo que las calles de Nápoles, pero tiene a su perra
mestiza "Aurora" y su máquina de escribir, desde donde "escribe
al mundo" sus pensamientos sin querer resignar su libertad. Encorvado sobre tu teclado, es una silueta inconfundible en
plena "city" napolitana, robusto y de aspecto simpático. Desde la calle envía sus "pensamientos libres" un poco por
doquier: a la embajada de Estados Unidos o de Alemania, a medio
gobierno italiano, al propio alcalde de Nápoles. Los temas son "importantes", institucionales, pero a veces al
final concluyen con un conmovedor e íntimo "los amigos
verdaderos se reconocen en el momento de necesidad". Los transeúntes, que ya lo conocen, no pueden evitar espiar
para intentar leer algo sobre sus hojas, buscando atrapar las
palabras que ocupan sus noches y sus días. Pero Domenico -separado, con hijos- escribe rápido y, tras
una breve corrección a mano, se apresura a apartar sus hojas.
Para recomenzar enseguida con una nueva historia. Porque en el fondo se trata de historias, historias que
hablan de un profundo sentimiento de soledad, que Domenico no
quiere compartir: por su voluntad se queda lejos de los
refugios, de sus reglas y horarios. "Me pidieron cosas que no podía dar sin comprometer mi
libertad", explica. Mientras tanto se ocupa de la escudilla con
carne y pasta de Aurora, de apenas dos meses, recogida en la
calle y curada de las heridas que provocaron las mordeduras
de otros perros vagabundos. Con un pasado en el turismo, el "clochard-escritor" de las
calles de Nápoles tiene un presente apoyado en la solidaridad de
los empleados y negociantes de la city napolitana, que ayudan
como pueden. Domenico es un personaje sui generis, que parece un poco
haber perdido la razón cuando de pronto se da vuelta y pregunta:
"¿Ya les mostré mi proyecto para estacionar bicicletas?". Y en su bloc de hojas, aparece su proyecto diseñado a mano,
un verdadero rastrillo para bicicletas con bastones telescópicos
retráctiles, que se pueden activar con una tarjeta prepaga:
digno de un ingeniero, que no es. Porque Domenico prefiere ser escritor, y libre, en las calles
de la ciudad donde sigue tecleando, sin pausa, en su nueva
máquina de escribir de marca impronunciable, comprada
con los cinco euros regalados por un transeúnte.
GDC/ACZ
09/05/2013 19:52
|