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WASHINGTON, 3 (ANSA) - El presidente de Estados Unidos,
Barack Obama, celebrará el miércoles el primer aniversario de su
histórico triunfo en las elecciones del 2008 envuelto todavía en
una alta aprobación personal y el carisma de un hombre de "buena
voluntad", pero acosado ya por los fantasmas de las promesas que
tardan en cumplirse.
Según una encuesta encargada por la CNN, difundida hoy, el
presidente goza de un 54% de popularidad, una cifra en sintonía
con el apoyo que alcanzó en la carrera presidencial contra su
rival republicano, John McCain.
Y si bien es sólido el 45% que desaprueba su gestión, más
llamativo es que apenas otro 45% cree que el presidente tiene
"un plan claro" para resolver los problemas del país. Hasta ahora, Obama puso todo el peso de figura política en la
concreción de la esquiva reforma sanitaria, un sueño de décadas
de los demócratas, el mismo que hizo sufrir a Hillary Clinton en
los '90, arrasada por la oposición de los republicanos y la
industria de la salud.
Obama está luchando para alcanzar un consenso que le permita
hacer aprobar la reforma, pero en ese mismo camino está
provocando la desilusión de muchos de sus sostenedores. Por
ejemplo, la Casa Blanca renunció a la "opción pública" a las
aseguradoras médicas privadas, una promesa que había llegado
directo al corazón de los estadounidenses progresistas.
El gobierno también advirtió que será "difícil" cumplir con
la promesa de cerrar la controvertida cárcel de Guantánamo, en
Cuba, mientras busca las maneras de manejar la suerte de los
allí detenidos bajo la acusación de terrorismo.
Obama está exasperando también al establishment militar con
sus dudas sobre la nueva estrategia para Afganistán, para donde
ya aprobó el envío de 21.000 soldados. El Pentágono quiere otros
40.000 para enfrentar el resurgimiento de los talibanes y de al
Qaeda -el grupo considerado responsable de los atentados del 11
de setiembre del 2001-, pero Obama se está tomando su tiempo,
quizás semanas, antes de tomar una decisión.
Y también están los hispanos, la primera minoría étnica del
país, quienes se volcaron masivamente en favor de Obama en las
elecciones de hace un año, seducidos, entre otras cosas, por la
promesa de hacer avanzar rápidamente una reforma migratoria que
beneficie a la mayoría de los 12 millones de indocumentados.
La reforma está todavía durmiendo en los cajones de las
oficinas parlamentarias, pero -mientras tanto- el gobierno de
Obama aprobó algunas medidas que refuerzan los controles contra
los indocumentados y hasta se habla de un aumento de los
aranceles para los trámites migratorios.
JMG
03/11/2009 21:19
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